la brisa marina me arremolinaba el cabello y golpeaba mi cara, el barco se misia suavemente sobre la negrura del mar,el cielo encapotado de nubes espesas y obscuras y amenazaba con negrecer todo el paisaje y ocasionalmente la sal del mar de suspiraba algún recuerdo.tras una especie de niebla se aparecían los recuerdos deteriorados por el paso de los años.
entonces retrocedí 12 años era un día como hoy cruzando el mar.
entre los sonidos metálicos de los camiones que estacionaban el transbordador corrían 2 niñas cuyas risas eran amortiguadas por las olas que rompían en el casco y el constante mecerse de los enormes camiones, el olor de gasolina y brisa salina vino a mi nariz tan nítido como hace 12 años y traía consigo todas esas sensaciones, todos esos viajes,todos esos recuerdos en la inospita isla de chiloé, un lugar que da vida a un sin fin de leyendas, bosques de alerces cuyas añosas raises descansan en tierras eternamente mojadas por la lluvia incansable.
lluvia que me cantaba canciones de cuna cuando chocaba con fuerza sobre el cristal de mi ventana.
entonces escuche un estridente sonido que me devolvió al presente, era la campana que indicaba que ya llegaríamos a la isla, el viaje se me paso tan rápido, es que en chiloé el tiempo parece no tener importancia y toda regla de física queda obsoleta en una isla que se rige de magia y leyendas que están presentes desde tiempos inmemoriales.
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