El hombre estaba sentado en la banca de la plaza con dos demonios a cada lado, intentando acostumbrarse a sus ojos desorbitados (si es que los tenían) y a sus sonrisas afiladas.les hablaba de lo que a echo en su vida y de lo detestable que era su jefe, sin embargo, aveses perdía la paciencia y vociferaba a gritos que se fueran , que lo dejaran tranquilo. los demonios ni se inmutaban, solo se limitaban a babear por sus enormes bocas sonrientes y llenas de dientes.
hace un par de días se habían vuelto mucho mas reales ya no estaban solo en sus sueños o como simples sombras, ahora caminaban con el e incluso le babeaban la chaqueta, pero el no le daba crédito a un repentino ataque esquizofrénico, simplemente se limitaba a convivir con ellos a
intentarlo por lo menos.
la gente pasaba a su lado mientras el conversaba con sus nuevos acompañantes, lo esquivaban, incluso le tiraron un par de monedas, el no entendía como era de estúpida la gente, es como si no pudieran ver los enormes monstruos y ¿desde cuando se les tiran monedas a demonios de 3 metros?, en fin unas cuantas monedas no eran tan malas, quizás hasta le alcansaría para un helado.
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